Una mano invisible le aprieta el cuello, sin permitirle respirar...la ahoga sin sofocarle del todo. Sin irse, si le recuerda que sigue ahí, que no se marchara.
La otra mano, una garra, desgarra su antebrazo, le abre la carne y deja fluir su alma en gotitas pequeñas.
Algunos le llaman monstruo, ella solo quiere que ese monstruo la abandone, y le deje dejar de abandonarse.
Lo siento mucho, no me aguante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario