Amorosamente toca las teclas de su acordeón, sonríe, abriendo el paso a quienes intentan abordar el bus. El la mira, intentando equilibrarse entre su guitarra, esos ojos de gata preciosa, y la partida inminente del bus.
Ella, completamente ajena a ese dúo, se deleita mirándolos, escuchándolos; la mezcla sonidos entre acordeón y guitarra, le transportaban muy lejos de allí. La piel erizada y ella sintiéndose en la obligación de apagar su Ipod para entregarse a aquella sensación.
Mezcla de sonidos, como un suave susurro, un beso, y un sabor que la inundaban. No recuerda bien cuando fue la última vez que se sintió así, alegre.
Se sonroja pudorosa, pensando que quizás, su oído ha hurgado mas allá de lo adecuado, quizás, de alguna forma ha sido parte de ese acto, pero al mismo tiempo sintiéndose invasora, participe, quizás del secreto más grande de todos.
Alguien atrás pide otra canción, los amantes se sonrojan y continúan.
Cruza el parque y ella respira.
Hace mucho que no sentía el aire del atardecer en su cara, el olor del verano, los colores, había olvidado el verdor de los arboles, hay tantas cosas que dejo de lado, hay tantas cosas que debe recuperar.
1 comentario:
Nos encanta tu blog. Compartimos cosas. Este plan de sobrevivir también es una de nuestras canciones favoritas
saludos
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